Lorenzo Palacios Quispe “Chacalón” aprendió a ver el mundo desde el cielo, desde lo alto de su casa en el Cerro San Cosme, allá cerca de la calle Bondy, en La Victoria, cerca del tanque de agua donde hoy todavía muchos le rezan como si de un santo se tratara, por un milagro que alivie sus penas y para que cuide a los suyos.
Con ayuda de matronas, el pequeño Lorenzo nació un 26 de abril de 1950, cuando miles de provincianos llegaban a Lima a probar mejor suerte. Su padre, un danzante de tijeras, abandonó al poco tiempo a su madre, quien era conocida como La Huaitita en las fiestas de Huamanga, donde se ganaba la vida cantando huainos.
Mientras tanto, el pequeño Lorenzo se divertía bailando junto a sus amigos humiteros y a los 10 años, a la vez que vendía limones, humitas, anticuchos y periódicos, también cantaba huainos ayacuchanos junto a su hermano Alfonso (Chacal), en bares y restaurantes. Sin embargo, la delincuencia también rozó su vida en las calles.
En 1965, forma su primer grupo “Los Amigos del Barrio”, junto a compañeros de 13 a 15 años de edad. Luego de abandonar el colegio, Lorenzo conoció a Dora, quien sería su esposa y la madre de sus hijos, años más tarde.
A los 22, luego de casarse, cae en prisión por cortarle el rostro a un policía en retiro, pero al salir retoma la pasión por la música e integra la agrupación Celeste, de Víctor Casahuamán, donde su hermano Alfonso era el cantante, a quien luego sustituyó logra hacerse conocido con temas que hoy son clásicos de la cumbia, como “Viento”, “Pueblo” y “Provinciano”. Pero en 1978, forma “La Nueva Crema” con quienes Chacalón impone su propio estilo, con cabello largo, pantalones ajustados y acampanados. Pese a una pequeña nube en su carrera, en los 80, Chacalón y la Nueva Crema retoma la popularidad al crearse el duelo con Vico y su grupo Karicia.
El viernes 24 de junio de 1994, un paro cardíaco producto de la diabetes se llevó para siempre al “Angel de los Cerros”, como lo llamaban. Más de 20 mil personas lo despidieron en su funeral. “Cuando Chacalón canta, los cerros bajan”, fue la frase que se impuso durante su apogeo. “El día que yo me muera, del cielo bajarán otros nuevos cantadores, así Chacalón y La Nueva Crema nunca morirá”, dijo Lorenzo alguna vez y hoy, la fiebre de la cumbia y su legado le dan la razón.